jueves, 21 de septiembre de 2017

(...) Me introduce un dedo en el sexo.

Ahora quiero que tú te contraigas alrededor de mi dedo. Tienes un músculo allí, que puede contraerse y aflojarse alrededor del pene. Prueba."

Probé. Su dedo era una placentera tortura. Dado que no lo movía, busqué de moverme yo, dentro a la vagina, y sentí el músculo del cual me había hablado abrirse y cerrarse, primero débilmente, alrededor del dedo. Millard dijo:

"Sí, así... Más fuerte ahora, hazlo más fuerte."

Así hice, abriendo y cerrando, abriendo y cerrando. Dentro era como una pequeña boca, que se apretaba alrededor del dedo. Deseaba cogerlo dentro, succionarlo, así continué a probar. Luego Millard dijo que habría introducido el pene sin moverse, mientras yo habría debido continuar a contraerme dentro. Busqué de aprisionarlo con una fuerza siempre mayor. El movimiento me excitaba y sentía que habría podido alcanzar el orgasmo en cualquier momento. Pero, luego que lo había estrechado muchas veces, succionándole el pene, se metió a gemir de repente, de placer y comenzó a embestir más rápido, incapaz a su vez de retener el orgasmo. Yo continué con el movimiento alrededor y alcancé el orgasmo a mi vez, en el modo más maravillosamente profundo, hasta allí abajo, en el útero... (...)


(Anaïs Nin)



domingo, 10 de septiembre de 2017



Yo, que soy tan libre como el viento.
Yo, que no tengo dueño ni perro.
Yo pertenezco a quien siente mi ausencia,
cuando rozándome con un pensamiento
acaricia mi alma haciéndome vibrar el cuerpo.

(©Misthy)



...a Ti, que has sido y eres presencia ...siempre.

lunes, 28 de agosto de 2017

Él fue a por ella y se la llevaría a rastras de ser necesario; pero no dejaría que aquello acabara así.

Haría caer la última de las máscaras, no quería continuar a escapar de lo que sentía.

Sin decir mucho, la sujetó contra su cuerpo. Sus manos la desvistieron con prisa. Cerró la boca sobre sus labios, mordiéndolos. Sintió las uñas de ella recorrerle la nuca, reteniéndolo. La giró, no resistió el fuerte deseo de hacerla suya una vez más. Penetró su carne, acabando por amarle el alma.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras propuestas para el mes de Agosto: fuerte, máscaras y uñas.)

lunes, 10 de julio de 2017

Él había vuelto a su vida en el momento justo. Y exactamente como aquella primera vez, ese “Hola Bonita...” fue un instante mágico. La conexión entre ambos era indiscutible, fue por eso que ella lo supo. Supo que él se iba para siempre.
Entonces ella sonrió, y con lágrimas de emoción en sus ojos, lo decidió. Ya no había forma de volver atrás; ella también se marchaba, si bien no para siempre, sin fecha de regreso.


(Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras propuestas para el mes de Julio: justo, exactamente y forma.)

lunes, 19 de junio de 2017

No sé si era el calor, el estar aún con licencia médica, o qué, pero me notaba cada vez más irritable. Me pasaba horas dentro del estudio, leyendo, escribiendo o respondiendo a algún que otro correo, sin embargo no lograba estar serena. No lo hubiese creído posible pero echaba de menos mi rutina laboral, el contacto con la gente. Una vez más, estar limitada por los muros de mi casa estaba ahogándome, me sentía literalmente como un gato enjaulado.

Estaba así cuando él volvió. Se detuvo detrás mío, besándome el cuello, apoyándose en mi espalda y haciéndome sentir toda su erección.

Estuve toda la tarde pensándote y no veía la hora de volver... –susurró en mi oído mientras me mordisqueaba el lóbulo. Estoy tan caliente...

Sus manos comenzaron a alzar mi camiseta, esa holgada y un poco infantil que me gusta usar cuando estoy sola en casa. No llevaba sujetador y sus dedos no tardaron en pellizcar mis pezones, duros, túrgidos, que parecía no esperacen otra cosa que esa deliciosa tortura. Quise girarme para besar su boca pero me inmovilizó contra el escritorio.

No... quédate así... –dijo mientras escuchaba cómo se deshacía de su ropa y de mis bragas.

Me sujetó fuerte por la cintura y separó mis piernas con su rodilla. Sentí su polla penetrarme, su capullo golpeando las paredes de mi cueva..., una y otra vez. Su aliento caliente en mi nuca y sus embestidas, aumentaban mis gemidos.

Te deseé toda la tarde... –gruñó de forma entrecortada. No resisto más...

Mordió mi hombro y su caliente leche inundó mis entrañas. Se dejó caer sobre mi espalda, ambos sobre el escritorio, hasta que se relajó, y sus espasmos se calmaron. Lentamente se retiró de mí, mientras besaba nuevamente mi cuello.

¿Sabes? ...adoro que estés siempre dispuesta y cachonda. –murmuró con la boca pegada aún a mi piel..., y yo no supe qué responder. ¿Vienes a la ducha conmigo?
Dame cinco minutos... –le dije, sonriéndole.

Seguía inquieta. Debía callar mi voz interior antes de volverme loca. Respiré profundo. Estaba yéndome al baño, cuando sonó el móvil y respondí sin pensar...

¿Si...? –pronuncié sin siquiera ver el número.
Hola bonita... soy yo... –respondió una voz... esa voz, inconfundible, su manera de llamarme... y por un instante me faltó el aire.





lunes, 12 de junio de 2017

"Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz.

Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado... No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo.

No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).

Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco... no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, follarte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso?

Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo miserable, además de egoísta.

Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo.

Me encanta tu coño, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y fóllame. Descarga conmigo. Rodéame con las piernas. Caliéntame..."
(Carta de Henry Miller a Anaïs Nin)



domingo, 4 de junio de 2017

Entró a la habitación silenciosamente, tanto que no lo sentí hasta que se tumbó a mi lado. Percibí el calor de su cuerpo detrás del mío. Y pese a todo mi malestar, pegué mi culo a su sexo. Lo deseaba, aún en esa situación.
¿No deberías hacer reposo tú? –dijo y señaló mis vendajes, mientras yo mostraba mi expresión más inocente, que no escondía la picardía de mis ojos. Descansa, haz la nena obediente; yo estoy aquí.


 (Este microrelato pertenece a “Reto: 5 líneas” propuesto por Adella Brac.
Las palabras propuestas para el mes de Junio: tumbó, malestar y señaló.)